La pintora y dibujante falleció este viernes a los 86 años, dejando una obra reconocible por sus enigmáticas figuras femeninas, sus referencias renacentistas y una trayectoria que atravesó más de seis décadas. El Museo Nacional de Bellas Artes confirmó su muerte y destacó el lugar que ocupa su trabajo dentro del patrimonio artístico chileno.
Hay artistas cuya obra puede reconocerse antes incluso de leer su firma. Carmen Aldunate Salas era una de ellas.
Sus mujeres de rostros inmóviles, grandes ojos, cofias, túnicas y elaborados ropajes construyeron durante décadas un universo visual propio, situado entre la belleza, el misterio y una permanente tensión psicológica.
La pintora y dibujante chilena falleció este viernes 25 de septiembre a los 86 años, según confirmó el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), institución que conserva parte de su obra.
Las mujeres que habitaron su pintura
Nacida en Viña del Mar el 10 de febrero de 1940, Aldunate comenzó sus estudios artísticos a los 17 años en la Escuela de Bellas Artes de la Pontificia Universidad Católica de Chile y posteriormente continuó su formación en la Universidad de Chile.
Durante esa etapa tuvo como profesores a figuras como Mario Carreño, Roser Bru, Nemesio Antúnez, Delia del Carril, Mario Toral y José Balmes.
Más tarde realizó estudios de posgrado en el Departamento de Arte de la Universidad de California en Davis y vivió durante algunos años en Estados Unidos antes de regresar a Chile, donde también desarrolló labores docentes.
Pero fueron principalmente las figuras femeninas las que terminaron convirtiéndose en una de las señas de identidad de su trabajo.
Cabezas y torsos, muchas veces aislados del entorno, aparecen cubiertos por telas, cofias y vestimentas que evocan otros tiempos. Su estética recogió influencias de la pintura flamenca y renacentista para construir personajes cargados de simbolismo y de una particular profundidad psicológica.
No eran simplemente retratos.
Las mujeres de Aldunate parecían guardar algo detrás de la mirada.
Una obra que cruzó las fronteras
Su trayectoria se extendió durante más de seis décadas y llevó su trabajo mucho más allá de Chile.
En 2004 fue incorporada como miembro de número de la Academia de Bellas Artes del Instituto de Chile, mientras sus obras pasaron a formar parte de colecciones públicas y privadas tanto nacionales como internacionales.
Su carrera estuvo acompañada además por numerosos reconocimientos. Entre ellos se encuentran el Primer Premio de Dibujo del Salón Oficial de Santiago en 1974, el Primer Premio de Dibujo de la Bienal de Valparaíso en 1975 y el Primer Premio de la Bienal de Punta del Este en 1978.
Su trabajo tampoco quedó restringido a las salas de exposición. Aldunate desarrolló una faceta como ilustradora y participó en distintas publicaciones, llevando su particular lenguaje visual hacia otros formatos.
Una huella que permanece
Parte importante de ese recorrido permanece hoy dentro de colecciones patrimoniales.
El Museo Nacional de Bellas Artes conserva diferentes trabajos de la artista, mientras otras obras forman parte de la Pinacoteca de la Universidad de Concepción y de colecciones nacionales e internacionales.
Al comunicar su fallecimiento, el MNBA destacó la profunda carga simbólica y psicológica presente en su pintura y recordó el lugar significativo que su trabajo ocupa dentro de la colección del museo.
Desde el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio también lamentaron su muerte y destacaron la huella que dejó tras más de seis décadas dedicadas a las artes visuales.
Su fallecimiento cierra una extensa trayectoria, pero deja detrás un imaginario difícil de confundir: mujeres silenciosas, miradas profundas y personajes que parecen observar al espectador tanto como el espectador los observa a ellos.
Plano General
Carmen Aldunate construyó un lenguaje que terminó siendo inmediatamente reconocible. Sus personajes permanecen ahora donde siempre estuvieron: inmóviles sobre el lienzo, pero todavía capaces de interrogar a quien se detiene frente a ellos.










