A diez años de la puesta en marcha de Chilecreativo, el sector reúne 55.837 empresas y elevó su participación en el PIB desde 1,6% a 2,2%. Las exportaciones de servicios creativos, en tanto, pasaron de US$45 millones a US$98 millones.
Durante años hablar de música, audiovisual, diseño, editorial o entretenimiento en Chile significó hablar principalmente de cultura. Los números comienzan a contar otra historia: también estamos hablando de industria, empleo, exportaciones y desarrollo económico.
Ese es uno de los principales balances que deja Chilecreativo, el Programa Nacional Transforma de Economía Creativa de Corfo, al cerrar diez años de trabajo.
En ese periodo, el número de empresas vinculadas al sector pasó de 34.754 a 55.837, mientras las exportaciones de servicios creativos aumentaron desde US$45 millones hasta US$98 millones.
También creció su participación en la economía nacional: el aporte de la industria creativa al PIB avanzó desde 1,6% a 2,2%.
La creatividad también ocurre en regiones
Uno de los desafíos de la década fue sacar el desarrollo creativo de una lógica concentrada únicamente en Santiago.
La creación de la Red Nacional de Territorios Creativos permitió vincular a 16 territorios, mientras un mapeo nacional identificó 1.960 expresiones culturales y patrimoniales con potencial para transformarse en experiencias de turismo creativo.
Hay otro número que resulta especialmente revelador: durante 2024 se vendieron nueve millones de entradas para espectáculos en vivo y el 49% correspondió a eventos realizados en regiones.
Es decir, prácticamente la mitad del público estuvo fuera de la capital.
Tecnología, financiamiento y nuevos mercados
La década también estuvo marcada por herramientas destinadas a profesionalizar y sofisticar el sector.
Entre ellas aparecen el programa IFI Audiovisual, Screen Capital, el Observatorio Digital de la Música Chilena y la marca sectorial Chilemúsica, desarrollada junto a ProChile.
En los últimos años se sumó además un desafío imposible de ignorar: la inteligencia artificial.
La creación del Centro para la Revolución Tecnológica en Industrias Creativas (CRTIC) y distintos programas de formación buscaron acercar tecnologías emergentes, activos digitales e IA generativa a empresas y profesionales creativos.
Para el gerente de Chilecreativo, Mauricio Cifuentes, precisamente esa irrupción tecnológica fue una de las preocupaciones centrales de la última etapa del programa.
Una década que deja algo más que cifras
Chilecreativo termina su ciclo después de diez años, pero el ecosistema que ayudó a conectar es bastante mayor que cuando comenzó.
Empresas, universidades, gremios, municipios, gobiernos regionales e instituciones públicas forman hoy parte de una red que entiende cada vez más la creatividad no solo como producción cultural, sino también como una actividad económica capaz de innovar, exportar y generar propiedad intelectual.
Y quizás ahí está el cambio más interesante de toda la década.
Plano General
Chile tiene cobre, frutas, vino y servicios. Pero también exporta ideas. Que las industrias creativas hayan duplicado sus envíos al exterior obliga a abandonar una vieja mirada: la creatividad no es solamente aquello que consumimos para entretenernos o emocionarnos. También es conocimiento, tecnología, propiedad intelectual y economía. El siguiente desafío será conseguir que ese crecimiento tenga todavía más acento regional.










