Una herida en la boca que no cicatriza, una ronquera persistente o un bulto en el cuello pueden ser señales de alerta. Especialistas advierten que en la Región del Maule se observa un número creciente de pacientes y muchos llegan a consulta cuando la enfermedad ya se encuentra en etapas avanzadas.
Una herida en la boca que parece inofensiva. Una ronquera que se prolonga más de lo habitual. Una molestia al tragar o un pequeño bulto en el cuello.
Por separado pueden tener múltiples explicaciones, pero cuando estos síntomas persisten durante más de dos o tres semanas, existe una recomendación concreta: consultar a un profesional de la salud y no seguir esperando a que desaparezcan por sí solos.
La advertencia cobra especial relevancia en la Región del Maule, donde especialistas han observado un número creciente de pacientes con cánceres de cabeza y cuello, una denominación que agrupa diferentes tipos de tumores.
“En la Región del Maule vemos un número creciente de pacientes, muchos de ellos diagnosticados en etapas avanzadas, lo que hace más complejo su tratamiento. Sin embargo, cuando se detectan precozmente, las posibilidades de curación son muy altas”, explica la doctora Dahiana Pulgar, oncóloga, cirujana de cabeza y cuello y vicepresidenta del Colegio Médico del Maule.
¿Qué es el cáncer de cabeza y cuello?
Aunque el nombre puede parecer bastante amplio, no incluye todos los cánceres que aparecen en esa zona del cuerpo.
Dentro de este grupo se encuentran los tumores que afectan la cavidad oral, incluyendo lengua, encías y mejillas, además de aquellos ubicados en la faringe, laringe, cavidad nasal, senos paranasales y glándulas salivales.
En general, los cánceres de tiroides y los tumores cerebrales no forman parte de esta clasificación.
Uno de los principales problemas es que una proporción importante de los pacientes llega a consulta cuando la enfermedad ya está avanzada, haciendo más complejo su tratamiento.
Por eso, reconocer las señales iniciales puede marcar una diferencia considerable.
Las señales de alerta que conviene observar
La especialista identifica una serie de síntomas que deberían motivar una evaluación médica cuando permanecen durante más de dos o tres semanas.
Entre ellos se encuentran una úlcera o herida en la boca que no cicatriza, dolor o dificultad para tragar, cambios persistentes en la voz o ronquera, aparición de un bulto en el cuello, sangrado por la boca o nariz sin una causa evidente y dolor de garganta prolongado.
También debe considerarse la sensación persistente de tener un cuerpo extraño.
“La presencia de cualquiera de estos síntomas amerita una evaluación médica. No se debe esperar que desaparezcan solos”, enfatiza Pulgar.
Esto no significa que presentar alguno de ellos sea automáticamente señal de cáncer. El punto está en no normalizar síntomas que se prolongan en el tiempo y permitir que sea una evaluación médica la que determine su causa.
Tabaco y alcohol siguen entre los principales factores de riesgo
El consumo de tabaco continúa siendo uno de los factores de riesgo más relevantes para desarrollar estos cánceres.
Cuando se combina con un consumo excesivo de alcohol, el riesgo aumenta considerablemente debido a que ambas sustancias potencian sus efectos dañinos.
Pero el perfil de los pacientes también ha comenzado a cambiar.
En los últimos años se ha observado un aumento de cánceres asociados al virus del papiloma humano (VPH), particularmente aquellos que afectan la orofaringe, donde se encuentran las amígdalas y la base de la lengua.
Estos tumores pueden presentarse incluso en personas más jóvenes y sin antecedentes de tabaquismo.
También existen otros factores de riesgo, entre ellos la exposición prolongada al sol —especialmente relacionada con el cáncer de labio—, una higiene bucal deficiente y determinadas exposiciones laborales.
Detectarlo temprano puede cambiar el tratamiento
La diferencia entre consultar tempranamente y hacerlo cuando la enfermedad ha avanzado no se limita únicamente al pronóstico.
Cuando estos cánceres son diagnosticados en etapas iniciales, los tratamientos pueden ser menos agresivos y ofrecer mejores resultados funcionales, además de aumentar las posibilidades de curación.
Un diagnóstico tardío, en cambio, puede requerir cirugías más extensas, radioterapia, quimioterapia o una combinación de diferentes tratamientos.
Y en esta zona del cuerpo las consecuencias pueden afectar funciones tan cotidianas y esenciales como hablar, comer o tragar.
¿Se puede prevenir?
Existen diferentes medidas que permiten reducir los factores de riesgo.
Evitar o abandonar el tabaco, moderar el consumo de alcohol, mantener una buena higiene bucal y realizar controles odontológicos periódicos forman parte de las principales recomendaciones.
También se aconseja proteger los labios frente a la exposición solar, mantener hábitos de vida saludables y promover la vacunación contra el VPH.
Pero existe una recomendación todavía más sencilla: prestar atención a los cambios que persisten.
“Escuchen a su cuerpo. Si tienen una lesión en la boca que no sana, una ronquera que persiste o aparece un bulto en el cuello, no esperen semanas o meses para consultar”, señala la especialista.
“Un diagnóstico precoz puede significar un tratamiento más simple, preservar funciones tan importantes como hablar o tragar y, lo más importante, aumentar significativamente las posibilidades de curación”, concluye.
Plano General
Hay síntomas que por cotidianos resultan fáciles de postergar: una ronquera, una pequeña lesión en la boca, una molestia al tragar. El problema comienza cuando pasan las semanas y seguimos atribuyéndolos al cansancio, una gripe o simplemente al tiempo. La recomendación en este caso no apunta a alarmarse frente a cada molestia, sino a algo bastante más razonable: si el cuerpo insiste durante semanas, vale la pena escucharlo.










