Un grave brote de sarampión en Pensilvania ha puesto el foco sobre comunidades amish con bajas tasas de vacunación y escaso contacto con el sistema sanitario. Equipos de salud están recurriendo a visitas domiciliarias y clínicas temporales para acercar la vacuna MMR, mientras intentan contener una enfermedad extremadamente contagiosa.
Para llegar con una vacuna a algunas familias de Pensilvania no basta con abrir una clínica, publicar una campaña en internet o pedir una hora médica.
Hay que subirse a un vehículo, recorrer decenas de kilómetros por caminos rurales, tocar una puerta y conversar.
Esa ha sido parte de la rutina de Dale Weiser, supervisora clínica del Departamento de Salud del Condado de Chester, quien durante los últimos meses ha realizado visitas domiciliarias para ofrecer vacunación contra el sarampión a familias amish.
En ocasiones, la inmunización termina realizándose alrededor de la propia mesa de la cocina.
La estrategia responde a una dificultad particular: llegar hasta una comunidad que mantiene una relación limitada con buena parte de la tecnología moderna y que tampoco suele mantener un contacto regular con el sistema sanitario convencional.
Una barrera que no siempre nace del rechazo a las vacunas
La situación de los amish suele asociarse rápidamente con razones religiosas. Sin embargo, especialistas que trabajan directamente con estas comunidades advierten que la realidad es más compleja.
No existe una prohibición religiosa general de la vacunación entre los amish.
Las dificultades aparecen también por razones prácticas y culturales: familias sin seguro médico, menor contacto con centros sanitarios, dificultades de transporte y una estructura comunitaria que funciona de manera bastante independiente respecto de buena parte de la sociedad estadounidense.
En Pensilvania viven alrededor de 90 mil amish, y las estimaciones citadas por especialistas indican que apenas una cuarta parte de la comunidad del área de Lancaster habría recibido la vacuna triple vírica o MMR, utilizada contra sarampión, paperas y rubéola.
Por eso, en lugar de esperar que las familias lleguen hasta los servicios sanitarios, los equipos médicos comenzaron a hacer el recorrido contrario.
Vacunar primero exige construir confianza
El trabajo domiciliario tiene una característica fundamental: la conversación ocurre antes que la inyección.
Los profesionales responden preguntas, explican los riesgos de la enfermedad y procuran respetar las costumbres de cada familia.
Según la experiencia relatada por Weiser, algunas personas que inicialmente no contemplaban vacunarse cambian de opinión después de recibir información y establecer una relación de confianza con los equipos sanitarios.
Las autoridades también han instalado clínicas temporales cerca de las zonas afectadas, mediante las cuales se han administrado miles de dosis de la vacuna MMR.
El desafío es particularmente complejo porque el sarampión se encuentra entre las enfermedades infecciosas más contagiosas conocidas.
Una comunidad donde el contacto social es intenso
La forma de vida comunitaria puede convertirse además en un factor importante para la propagación del virus.
Los amish mantienen una intensa vida social y religiosa, con reuniones familiares, celebraciones y actividades comunitarias frecuentes.
Braxton Mitchell, epidemiólogo genético de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland y especialista en esta población, ha advertido que cuando el virus ingresa en uno de estos grupos puede alcanzar rápidamente a personas que carecen de inmunización.
El temor ha aumentado especialmente por los niños pequeños y lactantes, uno de los grupos que puede presentar mayores riesgos frente a las complicaciones del sarampión.
Una enfermedad que Estados Unidos creyó haber dejado atrás
Estados Unidos declaró eliminado el sarampión como enfermedad endémica en el año 2000. Eso no significó que el virus desapareciera completamente: los casos importados podían seguir generando brotes entre poblaciones susceptibles.
Cuando existen comunidades con bajas tasas de vacunación, esas introducciones encuentran condiciones para extenderse.
El episodio de Pensilvania vuelve así a mostrar una de las características fundamentales de la inmunización colectiva: un virus altamente transmisible puede recuperar espacio cuando encuentra suficientes personas susceptibles dentro de una misma comunidad.
La respuesta sanitaria está demostrando también que alcanzar una cobertura mayor no depende únicamente de disponer de vacunas.
En determinados lugares significa comprender cómo vive una comunidad, identificar sus barreras y acercar la atención médica hasta donde las estrategias convencionales no consiguen llegar.
Plano General
El desafío en Pensilvania no consiste solamente en llevar vacunas hasta las comunidades amish. También exige construir la confianza necesaria para que una puerta se abra y una conversación pueda comenzar.











