Un estudio identificó más de mil indicadores utilizados por la industria para evaluar la extracción de litio y plantea avanzar hacia un modelo más integrado, con foco en los territorios y las comunidades.
La sustentabilidad en la industria del litio podría estar siendo evaluada de manera fragmentada. Esa es la principal conclusión del segundo policy brief elaborado por el proyecto Anillos Sociotecnologías del Litio, presentado en Antofagasta por investigadores de distintas universidades chilenas.
El documento revela que las empresas del sector utilizan más de mil indicadores de sustentabilidad, distribuidos entre normas internacionales, certificaciones y mecanismos regulatorios, lo que dificulta obtener una visión integrada sobre el impacto de la actividad.
Un modelo con foco en los territorios
Frente a este escenario, los investigadores proponen replantear la forma en que se mide la sustentabilidad del litio, incorporando variables como las características de cada salar, la acumulación de impactos en el tiempo y la participación de las comunidades en la construcción de los indicadores.
Entre las recomendaciones también figura equilibrar los estándares internacionales con las particularidades territoriales, de modo que la evaluación refleje de mejor manera las realidades ambientales y sociales de las zonas donde se desarrolla la actividad minera.
Un desafío para una industria estratégica
El estudio forma parte del proyecto Sociotecnologías del Litio, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), que reúne a investigadores de la Universidad Católica del Norte, la Universidad de Chile, la Universidad Técnica Federico Santa María y la Universidad de O’Higgins.
La iniciativa busca aportar evidencia para fortalecer la toma de decisiones en una industria considerada estratégica para la transición energética y el desarrollo económico del país. Además, contempla actividades de formación y transferencia de conocimientos junto a comunidades del Salar de Atacama.
Plano General
El litio se ha convertido en uno de los recursos más relevantes para la fabricación de baterías y el desarrollo de la movilidad eléctrica. En ese contexto, el debate ya no se centra únicamente en cuánto producir, sino también en cómo medir los impactos ambientales y sociales de una actividad que será clave para la transición energética de las próximas décadas.










