La nueva adaptación del emblemático videojuego apuesta por combates intensos, personajes clásicos y nostalgia noventera. Sin embargo, su ambiciosa propuesta narrativa termina convirtiéndose en su principal debilidad.
Una nueva batalla en la pantalla grande
Las adaptaciones cinematográficas de videojuegos de pelea vuelven a ganar protagonismo en 2026. Tras el regreso de Mortal Kombat, ahora es el turno de Street Fighter, una de las franquicias más reconocidas de Capcom.
Dirigida por Kitao Sakurai, la película sitúa su historia en 1993 y reúne nuevamente a Ryu (Andrew Koji) y Ken Masters (Noah Centineo), dos antiguos compañeros distanciados que reciben una inesperada invitación de Chun-Li (Callina Liang) para participar en el Torneo Mundial de Guerreros.
Lo que inicialmente parece una competencia de artes marciales pronto se transforma en una peligrosa conspiración.
Combates que destacan, pero un guion que tropieza
El principal atractivo de la producción está en sus secuencias de acción. Las coreografías, los movimientos de cámara y la representación de los enfrentamientos recuperan parte de la esencia que convirtió al videojuego en un fenómeno mundial.
Sin embargo, la historia intenta desarrollar demasiados conflictos simultáneamente. Las tramas de sus protagonistas avanzan de manera irregular, mientras los constantes cambios entre humor y dramatismo dificultan mantener un tono consistente.
A esto se suma un elenco numeroso que, pese a mostrar compromiso con sus personajes, dispone de poco espacio para profundizar en sus motivaciones.
El resultado es una película que funciona mejor cuando deja hablar a los puños que cuando intenta explicar sus múltiples conflictos.
Plano General
Street Fighter demuestra que trasladar un videojuego al cine requiere algo más que personajes reconocibles y espectaculares combates. La producción consigue momentos entretenidos y visualmente atractivos, pero su falta de cohesión narrativa impide que alcance todo su potencial.
Una adaptación que gana puntos en acción, aunque todavía tiene mucho por mejorar fuera del cuadrilátero.










